miércoles, 27 de julio de 2016

XXIII. VIENTO DE CEDRO

SONETO IX

Reos mil veces, tú y yo, del helado
silencio que envenena nuestra casa;
de puro frío quema como brasa
que quisiera poder dejar de lado.

Sufro hiriendo con tretas de soldado,
mientras me hundo hasta el cuello en esta basa
de reproche tenaz que nos traspasa
el cuerpo todavía enamorado.

Conversan tus caderas y tu falda;
las escucho un segundo al desnudarte,
prólogo a la mudez con que tu espalda

fortifica su muro de cheviot…
en sábana y trinchera he de expugnarte
tu suave piel, tu línea Maginot.

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